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viernes, 16 de septiembre de 2011

Alega que dejó en la papelera de un aseo a su bebé para que no le quitaran la custodia

La acusada de intento de asesinato dice que parió por sorpresa en el Rosell y le pudo el miedo, pero negó que echara al niño a una bolsa y a un cubo  
15.09.11 - JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ
Amanda Cecilia, poco antes de su declaración ante el tribunal de la Audiencia Provincial, que ahora dictará sentencia
«Yo quería tener a mi hijo, pero tenía miedo de que mi madre me echara de casa, porque me lo había advertido en muchas ocasiones y yo no tenía a dónde ir con ese bebé y mis otros dos hijos». «Tenía miedo de que me quitaran a todos los hijos, porque me lo había advertido ya la trabajadora social». «Y tenía miedo de lo que pudiera pensar la gente al verme salir del aseo con un niño recién nacido, que pensaran que quería hacerle daño». «Me desesperé. No sabía que hacer. Lo puse sobre la papelera, le tapé el cuerpo con papel higiénico y salí a la consulta. No pensé que podía morir. Solo pensaba en volver rápido y cogerlo».
Amanda Cecilia P. L., la ecuatoriana de 21 años acusada de tratar de asesinar al bebé que acababa de parir en un aseo del Hospital Santa María del Rosell de Cartagena metiéndolo en una bolsa de basura, que arrojó presuntamente en una papelera, negó ayer los hechos al tribunal de la Audiencia Provincial que ahora dictará sentencia.
La mujer aseguró que dio a luz por sorpresa en la madrugada del 21 de noviembre de 2009, mientras esperaba en Urgencias ser atendida por un fuerte dolor de rodilla. Fue con su madre y una prima, y sintió unas fuertes ganas de orinar. «Me bajé los pantalones y, de repente, sentí una cosa que salía de golpe. El bebé cayó en la taza del váter. Lo cogí y vi que respiraba», relató Amanda a preguntas del fiscal, David Campallo.
La mujer añadió que, como según sus cuentas aún le quedaban «dos semanas» para dar a luz, se asustó mucho; y que como ese momento la llamaron por megafonía y su madre le pedía que saliera, fue presa del pánico. Supuestamente, le había ocultado el embarazo y decidió dejar solo al bebé, disimular y regresar luego a por él. «Al salir de la consulta pensé en llevarlo a que lo atendieran», prosiguió la acusada, que sin embargo ya había sido descubierta por su prima y acabó detenida por la Policía.
«Es el crimen más cruel»
El fiscal hizo ver que Amanda había cambiado su declaración, porque dijo a la Policía y al juez instructor que limpió la sangre con papeles y tiró al bebé a la papelera para ocultarlo. Además, Ana María, la madre, aseguró que prometió a su hija apoyarla para criar al bebé, como con los dos que tuvo antes (con 15 y 16 años) sin ayuda del primer padre.
La principal baza de la defensa fueron las dudas por la declaración de dos médicos del Rosell. En un careo forzado por vaguedades e incoherencias, el doctor que rescató con vida al niño no pudo confirmar si el bebé estaba en una bolsa metida a su vez en la de la papelera, o solo envuelto en la última. Sí insistió en que la bolsa estaba «cerrada», aunque no con un nudo, y tuvo que «rasgarla».
El abogado, Antonio Sánchez de Bustamante, esgrimió la hipótesis de que, como un pez recién sacado del agua se adhiere fácil al plástico, el niño pudo pegarse a la bolsa al tener el cuerpo recubierto aún del líquido amniótico, cayó al interior del cubo por su propio movimiento y acabó envuelto en la bolsa.
El fiscal calificó de «increíble» el relato. «Esta señora hizo todo lo necesario para que, si no volvía al baño y nadie atendía al niño, éste muriera. En cualquier caso, como no era madre primeriza, sabía que moriría por asfixia o hipotermia». Y concluyó, tras pedir 14 años de reclusión por tentativa de asesinato (Amanda ya cumplió medio año): «No hay ser más desvalido que un recién nacido. Y asesinar a tu propio hijo es un cruel delito. Uno de los más graves».
El abogado pidió la libre absolución por falta de intencionalidad, o la alternativa de eximente incompleta de miedo insuperable o la atenuante cualificada de arrebato u obcecación. La pena quedaría reducida a ocho o nueve años de cárcel.
Sánchez limitó el abandono a «una decisión estúpida y equivocada» por miedo y una alteración mental transitoria, que vinculó con el agotamiento por el parto y un trastorno de la personalidad asociado a su historial de maltratada física y psíquica por el padre y los hermanos.
Y subrayó que ninguna mujer espera a que nazca su hijo para deshacerse de él, y mucho menos en un hospital. «Solo hay un sitio peor que ése para hacerlo», remató Sánchez: «Una comisaría».

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