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domingo, 25 de diciembre de 2011

"El castigo no hace mejores a nuestros hijos"

El científico Salvador Macip y el escritor Sebastià Roig han escrito un thriller sobre el caso del reformatorio de Girona donde se encerraba presuntamente a jóvenes en jaulas        
25/03/2011
Salvador Macip (izquierda) y Sebastià Roig (derecha)
En la primavera del 2006 un supuesto caso de maltratos a jóvenes problemáticos en una masía – reformatorio de Sant Llorenç de la Muga (Girona) volvió a poner en la mesa el debate sobre el uso del castigo físico como método educativo. El pasado mes de febrero la Audiencia de Girona decidió reabrir el caso al atender un recurso de apelación presentado por la Fiscalía después de que un juzgado de Figueres lo archivara por falta de pruebas. Según el relato de uno de los internos, el centro encerraba en jaulas o en estancias diminutas a los jóvenes que trasgredían las normas y les privaban de alimento como penitencia. Los adolescentes procedían de familias acaudaladas de Suiza que habrían llegado a pagar unos 4.000 euros por cada mes y medio de internamiento.
El científico Salvador Macip, conocido por su labor investigadora en genética molecular, y Sebastià Roig, escritor y periodista, han publicado Colmillos (Ullals, en la versión en catalán), un thriller inspirado en estos hechos tan truculentos. El libro ha ganado el premio Joaquim Ruyra 2010.
- ¿Por qué decidieron escribir una historia basada en el caso del reformatorio ilegal de Sant Llorenç de la Muga?
- Sebastià Roig: Nos impactaron las fotos que aparecieron en los periódicos y el relato de uno de los jóvenes que explicaba cómo le habían obligado a dormir al raso en plena noche en una jaula para jabalíes. En las imágenes captadas por las cámaras se veía basura, mucha suciedad, rejas y jaulas.
- Salvador Macip: Estos elementos reales y verídicos son tan potentes que pensamos que en la novela no hacía falta cambiarlos demasiado porque ya tenían mucha fuerza por sí solos.
- La publicación de Colmillos coincide con la reapertura del caso. ¿Qué pensaron cuando el juzgado de Figueres decidió archivarlo?
- Sebastià: Queríamos que el libro tuviera una entidad propia y diferenciada de la historia real. No sé si sabremos algún día la verdad de lo que ocurrió en aquella masía, pero el planteamiento era bastante estrambótico.
- Salvador: A la hora de escribir el perfil de los educadores nos basamos en personajes que nos parecieron grotescos, y también quisimos utilizar el estereotipo del niño malcriado y trasladarlo a una situación extrema.
- Aunque no han sido los únicos que se han inspirado en este caso.
- Sebastià: No, Antena 3 hizo una mini serie titulada El Castigo, lo que nos sirvió para reafirmarnos en la idea que teníamos de la historia que queríamos escribir.
- Salvador: Apostamos por una actualización de novelas clásicas de terror como Frankestein, Drácula o El hombre invisible, las que nos gustaba leer cuando éramos jóvenes, pero centrada en un Empordà difuso.
- ¿El libro esconde alguna metáfora?
- Sebastià: La metáfora de que tenemos que ser responsables de la educación de nuestros hijos sin esperar que otros suplan nuestras flaquezas como padres. Una cuestión que nos dejó totalmente descolocados del caso: ¿Cómo es posible que unos padres puedan llevar a su hijo a un sitio así?
Salvador: Hiere mucho pensar que hay gente que ejerce la paternidad de esta manera.
- El caso abrió el debate sobre qué métodos seguir para educar a los jóvenes descarrilados. ¿El castigo aporta algo al individuo?
- Sebastià: La letra con sangre no entra.
- Salvador: El castigo no hace mejor a nuestros hijos ya que crea personas con miedo, odio, resentimiento y rebotadas con la sociedad. Es precisamente lo que le ocurre al personaje principal de la novela. De ser una persona consentida, pija, sobreprotegida, pasa a enfrontarse desnudo, con la esencia de su personalidad, a un castigo desmesurado e injustificado.
- ¿En ningún caso es válido el bofetón a tiempo?
- Sebastià: Es difícil generalizar, pero creo que con bofetadas no se consigue nada.
- Salvador: El castigo físico no es la solución, pero dejar que tu hijo haga lo que quiera tampoco.
- El castigo físico como método educativo era algo habitual hace unos años.
- Sebastià: Los profesores del franquismo eran violentos: lanzaban borradores por la cabeza a los niños, les pegaban con la regla, incluso recuerdo a un niño que lo llegaron a poner bocabajo en una papelera. Era una humillación. En aquellos tiempos era algo normal, a la inversa de lo que sucede hoy, en que los profesores no tienen ninguna autoridad y los padres se ponen de parte de sus hijos.
¿Los padres se han vuelto alérgicos a la autoridad?
- Salvador: Ha sido el efecto rebote del profesor todopoderoso…
- Sebastià: Es otra generación de educadores con un sistema de valores diferentes.
- Salvador: Muchos profesores ven al alumno como un cliente y, si el cliente dice que no le suspendas, no le suspendes. Ésto genera un problema importante de pérdida de autoridad y un nuevo concepto educativo que tampoco es saludable.
- Así pues, ¿cómo creen que deberían educarse a los niños y jóvenes para hacer de ellos hombres y mujeres ejemplares?
- Sebastià: Con nuestros hijos hemos intentado ser flexibles haciéndoles entender las cosas.
- Salvador: Mi hijo tiene sólo tres años. Estoy en la fase de marcarle unos límites e intentar entender cómo lo vive él porque todavía no comprende muchas cosas. Tienes que ser permisivo, pero duro a la vez: hay que encontrar el punto medio, aunque sea complejo, ya que es muy fácil pasarse de un lado al otro. 
- ¿Cómo llegan a unirse un científico de genética molecular y un periodista y escritor para escribir libros de literatura adolescente?
- Sebastià: Estaba trabajando para La Vanguardia en un suplemento que se llamaba Vang y Masip hacía un fancine que se llamaba Dinamo del cual yo era lector. Nos dimos cuenta de que compartíamos muchas aficiones: a los dos nos gustaba el cómic, el cine fantástico, el tecno, y empezamos a escribirnos.
- Salvador: La gracia que tenemos Sebastià y yo es que tenemos referentes y gustos comunes, pero puntos de vista diferentes porque venimos de mundos muy distintos.
- ¿Cómo os decidisteis a escribir literatura adolescente?
- Salvador: La verdad es que nunca nos planteamos el género, solemos escoger temas que nos divierten.
- Sebastià: Cometimos un error muy grande cuando escribimos un cuento a medias y pensamos que se podría convertir en novela, Mugrons de Titani (Pezones de titanio).
- Una novela que llegó a ganar el primer premio del concurso de literatura erótica La Vall d'Albaida
- Salvador: Ganó un premio erótico siendo poco erótica.
- Sebastià: Porque se equivocó el jurado. Habían escenas eróticas, pero eran una lata a la hora de leer y las fuimos eliminando del texto porque perdía ritmo. 
- ¿Qué opinan sobre la llamada generación ni-ni?
- Salvador: Todas las generaciones tienen problemas.
- Sebastià: Yo pertenezco a la generación Sandwitch. La llamaban así porque los que eran mayores que nosotros ya habían ocupado todos los sitios de trabajo cualificado, y hoy en día continúan haciéndolo, y tenían por debajo a los jóvenes sobradamente preparados. A cada generación se la etiqueta.
- ¿Están de acuerdo con los que dicen que los jóvenes de hoy pasan por una crisis de autoridad y de valores?
- Salvador: Esto lo decían ya nuestros abuelos.
- Sebastià: Todo el mundo intenta matar a la generación anterior. En síntesis, la gente siempre tiene los mismos problemas: vivir, comer, amar y pagar la hipoteca.
- ¿Tienen algún otro proyecto que los pueda unir en un futuro?
- Salvador: Siempre tenemos proyectos comunes. Nos gustan los retos.
- Sebastià: Aunque algunos nunca verán la luz del día ni de la noche (bromea).
http://www.lavanguardia.com/cultura/20110325/54131677718/el-castigo-no-hace-mejores-a-nuestros-hijos.html

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