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viernes, 4 de octubre de 2013

“Ni todos los hombres son villanos, ni todas las mujeres víctimas”

Viernes, 4 de Octubre, 2013
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- Rosetta Forner: Estas hembristas han hecho mucho daño sembrando cizaña‏
Rosetta Forner
¿Piensas que los hombres tienen la culpa de todo? ¿Que todos son iguales y no comprenden a las mujeres? Frases como estas han bombardeado la mente de las mujeres desde pequeñas. Pero lo cierto ellos, lo mismo que nosotras, son capaces de amar y ser felices en una relación
Por Mar Cantero Sánchez, escritora y coach www.marcanterosanchez.com
“El amor es cosa de dos y ambos tienen los mismos derechos y responsabilidades”, afirma la popular coach.

Los hombres no han venido al mundo para salvar a las mu-jeres, pues las féminas de hoy en día tienen capacidad sufi-ciente para ser independientes emocionalmente si lo desean y pueden salvarse ellas solitas. Lo que ocurre es que, como afirma Rosetta Forner, coach y autora de El príncipe azul que dio calabazas a la princesa que creía en los cuentos de hadas (Zenith), “tradicionalmente a ellos se les exige que sean la fuente de bienestar emocional y de refuerzo de la autoestima de la mujer que con ellos se relaciona”. Sobre los tópicos que existen en torno a cómo conciben los dos sexos la relación de pareja y sus respectivos papeles en el seno de la misma le hemos preguntado a Forner...

PSICOLOGÍA PRÁCTICA: En su libro habla del complejo de príncipe azul. ¿De qué se trata?

ROSETTA FORNER: Haberse creído que tiene que hacer feliz a una mujer y que toda la res-ponsabilidad de una relación recae en él. Acom-pañado de la convicción de que un hombre, por el mero hecho de serlo, no sabe amar ni expresar emociones, es infiel, solo piensa en el sexo, es frío, inasequible emocionalmente, etc.

¿Qué tipo de hombres lo padecen?

Ningún hombre se libra de padecerlo. Incluso el autor del prólogo, Marcos de Quinto, reconoce haber aprendido mucho sobre relaciones con el libro, y los otros tres hombres que escriben tam-bién. Lo cual significa que los hombres tienen pendiente hacer su “revolución emocional”, han de atreverse a librarse de su maldición particular. Un hombre que no consigue relacionarse con una mujer madura emocionalmente y que solo se rodea o se siente atraído por mujeres insatisfe-chas, inmaduras y quejosas, que le exigen que les haga felices, “colgadas” de relaciones anteriores no resueltas, con conflictos emocionales no resueltos y que siempre buscan un hombre que haga de hombro donde llorar, sin lugar a dudas, padece el complejo de príncipe azul.

¿Por qué nos cuesta tanto entender al sexo contrario?

Porque muchas personas son difíciles de com-prender por sí mismas: si alguien, independien-temente de si es hombre o mujer, no es capaz de entenderse, valorarse, comprenderse, ¿cómo va a poder relacionarse con otra persona sin crear una relación conflictiva? Imposible. Las personas inmaduras son difíciles. Fáciles serían las maduras, que asumen las responsabilidades de su vida. No es cuestión de género.

¿Y por qué nos equivocamos al enamorar-nos?

Sencillamente no escuchamos a nuestro corazón ni a nuestra alma. Hay personas que no saben amar ni pueden vivir en pareja. Sin embargo, muchas mujeres (y cada vez, más hombres) se empeñan en seguir con esa persona que ni las ama ni las amará nunca. Una persona no es un aparato que se maneje con mando a distancia o algo que se pueda manipular. No falta quien cree que su amor cambiará al otro. También hay mujeres que se relacionan con hombres que, de tener un estatus diferente, como albañil en lugar de magistrado o empresario de éxito, no lo harían. No importa si es un canalla, lo que valoran es su estatus, y el desastre está servido. Por no hablar de la soledad: muchas personas no saben ni quieren aprender a estar consigo mismas. Y las hay fóbicas al “qué dirán”, que no quieren que nadie las considere unas fracasadas o menos valiosas por no tener pareja. Si nos guiásemos por el corazón, solo nos enamora-ríamos de personas que hablen a nuestra alma.

No hay que empecinarse en redimir al otro.

¿Cree que al hombre se le exige más en una relación que a la mujer?

Por supuesto que sí. Tradicionalmente, él ha de ser el garante de la felicidad de la mujer, ha de hacerla feliz y debe adivinar sus deseos y necesi-dades, además de cuidarla y dar sentido a su vida. La mujer, por su parte, sigue relacionándose con hombres poderosos, o lo intenta, para alcanzar un nivel que por sí misma o bien considera que no es posible o que tiene mucho “coste”. Es más, cuando conquista a un hombre de rango social-profesional elevado, se considera que se debe a que es valiosa, más que otras mujeres, por eso lo logró y otras no.

¿Pero de dónde parte esa exigencia, de la pro-pia mujer, de la sociedad, del hombre...? De las mujeres. Ellos no es que se exijan, es que a veces no saben qué hacer y se encuentran tan presionados que por eso muchas veces desapa-recen. Trato de explicarlo en el libro: cuando la tarea de hacer funcionar la relación recae solo en ellos, además de injusta es imposible. La re-lación es cosa de dos y ambos tienen derechos y responsabilidades.

¿Amamos de la misma forma?

No es cuestión de género, sino de patrones cul-turales o de percepción de la realidad el que creamos que ellos son de Marte y ellas de Venus. Hay anclajes sociales. Pero no hay dos personas que amen igual; puede haber formas compa-tibles, como existen personas compatibles en base a sus valores, creencias, forma de pensar y estructura del alma. Una escala de valores similar y compatible hará que dos personas puedan y sepan amarse. Actualmente el amor está muy banalizado, se hace proselitismo del sexo y a la mujer se le están inculcando patrones amatorios y relacionales que van en su contra, aunque ella no lo ve y encima está encantada.

Las hay que dependen emocionalmente de su pareja. ¿Quién crea esa dependencia? Ellas y solo ellas. Nadie nos hace nada que no consintamos. Por lo tanto, la dependencia emo-cional se la autogeneran las mujeres desde antes de comenzar una relación: soñar con la relación ideal, con el príncipe azul, precede al estar en relación con un hombre. Por eso muchas muje-res van codependizadas a una relación. Cuando aprenden a tener una vida propia, una identidad propia, y asume que “Soy lo mejor que me ha pasado”, se deja de codependencias. Una mujer tiene capacidades y herramientas para no de-pender emocionalmente de alguien si quiere. Sí es cierto que muchos están encantados de que ellas beban los vientos por ellos, puesto que una mujer que necesita a un hombre con ego frágil o inmaduro emocionalmente les encanta, porque les hincha el ego y les hace sentirse ma-chotes. Pero ella sale perdiendo. A la mujer no hay que victimizarla, sino animarla a coger las riendas emocionales de su vida. En mis libros La maldición de Eva y La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada doy algunas pistas de cómo hacerlo.


“A la mujer hay que animarla a coger las riendas emociona-les de su vida”


En El príncipe azul que dio calabazas... dice que es importante saber cómo queremos que nos amen. ¿Mejor saberlo antes de iniciar una relación?

Si no se sabe antes de empezar una relación mal vamos. Si una persona desconoce cómo le gusta que le amen, ¿cómo podrá saber si la aman o no? Es como salir a buscar un electrodoméstico, pero no saber ni las medidas, ni las características, ni el importe que quieres gastar. ¿Cómo saber que lo habremos hallado si no sabemos lo que buscamos? Quien sabe cómo le gusta que le amen, desde el momento cero de la relación y en las primeras citas se dedicará a observar, a hacer preguntas, para ir perfilando el mapa del territorio que está explorando, al tiempo que se apercibe del estilo de amar del otro y de si ese estilo es o no compatible con el suyo.

¿Cuáles serían las reglas básicas para una buena convivencia?

La básica es que haya verdadero amor, aderezado de honestidad y fidelidad. Uno debe sentirse la persona más feliz del planeta por poder estar con esa otra persona. Luego está el respeto por las diferencias; la asunción de responsabilidades; la voluntad de entender al otro, de ser tolerante con sus matices; conversar, no generar rencor; tratar de ser amables; recordar por qué uno se enamoró en la otra persona; centrarse en las similitudes; recordar lo bueno; que predomine la sinceridad... ¡Y nada de acusar y quejarse!

¿Cree que la mujer de hoy no se ama a sí misma lo suficiente?

Tanto alardear de que ellas son más listas que las de otras épocas y, sin embargo, adolecen de dignidad y motivación para cuidar de sí mismas, de su psique, de su corazón. La sociedad las ha infantilizado y ellas han contribuido con su omi-sión. Les han vendido la moto de la liberación sexual y se han creído que con eso bastaba. Y no es así. Amarse no significa emular las peores conductas machistas, yendo de conquista en conquista. Son un trasfondo de rencor, rabia y deseos de vengarse. Del sexo no se pasa al amor, pero al revés sí. Una mujer que se ama a sí misma ni se comporta de ciertas maneras ni permite ciertas conductas para con ella. La falta de amor propio es palpable en muchos escenarios sociales. Que la mujer se valore más por poderse acostar con quien le dé la gana y airearlo que por su valía como ser humano o su inteligencia debería hacernos reflexionar largo rato…

Sostiene usted que en la época de nuestras abuelas, los hombres y las mujeres se respe-taban unos a otros. ¿En qué se basa? En lo que me han contado, aparte de que por edad cronológica tengo memoria social. Y por-que no han tergiversado la historia, no al menos en mi familia. No somos fruto de la incompren-sión del pasado, sino de la que del pasado se hace en el presente o de su falsificación.

¿Cree que hay crisis de amor? Ahora hay mucho egoísmo, ausencia de tole-rancia, de humanidad andamos flojos, como de empatía con el prójimo. Y el amor por nosotros mismos parece reducirse a la competición de ver quién es más. A los abuelos se les mete en residencias porque “hay que trabajar” (antes se hacía compatible el cuidar de los mayores con las tareas y eso que la gente trabajaba en el campo). A los niños también se les aparca... En verdad no es trabajo, es falta de amor y de empatía. En mi opinión, nos hemos deshumanizado, y así nos va. Yo creo que esa falta de amor, esa carencia o crisis de amor está detrás de tantas enfermedades.

¿Entonces cree que ahora los hombres y las mujeres no se respetan? ¿Qué respeto puede haber si ambos, nada más conocerse, se acuestan? No les importa cono-cerse, sino solo usar sexualmente al otro.

¿Qué deberíamos tener en cuenta para ena-morarnos de la persona adecuada?

El amor no se crea a voluntad, no es cosa del ego, sino del alma. Es un misterio. Se sabe cómo se manifiesta químicamente, pero no cómo ni por qué se origina a otro nivel. Eso sí, el amor sana, cura heridas emocionales y nos da alas... obviamente, cuando es espontáneo de verdad. Sí recomiendo que si nuestro instinto nos dice “no”, hay que hacerle caso.

¿Hay un tipo de mujer más propensa a de-pender emocionalmente de un hombre o cualquiera puede caer en ello?

Sí, la que no se ama a sí misma. La que tiene una baja valoración de sí misma y baja autoestima. La mujer con fuertes y sólidas estructuras emocio-nales, que se aprecia y sabe cuidar de sí misma, se larga de una relación o no entra en cuanto ve que aquello solo le acarreará problemas.

En su libro también hace una diferenciación entre amar y rescatar. ¿Por qué esa distin-ción?

Cuando ayudar al otro nos hace daño estamos rescatando. Y muchas personas siguen hacién-doles los deberes a sus parejas (pagarles las fac-turas, tolerar que tengan amante, aguantar que las humillen delante de otros, que beban…) con tal de que sigan a su lado. Rescatar pasa por no decirle al otro “no”. Ayudar es enseñarle a pescar. Rescatar es pescarle y cocinarle el pescado cada día. Ahora bien, la persona que rescata lo hace porque a cambio obtiene algo que cree que de otra manera no obtendría, ya sea admiración, amor, atención, valoración, poder de algún tipo, satisfacción…

El amor, cuando es espontáneo, sana, cura heridas emocionales y nos da alas

¿Por qué algunos confunden ambos térmi-nos?

Porque no saben amar ni se aman. Cuando uno no se valora, hace cosas y las consiente, que alguien que se aprecia no hace ni consiente. Por ejemplo, alguien que no se valora, tolera que no le paguen por su trabajo y sigue en la empresa a pesar de los pesares. Una mujer o un hombre que no se ama ni se valora se empeña en relacionarse con una persona problemática o con problemas (drogas, alcohol…).

¿Qué papel juega la culpa en las relaciones fallidas?

Para poder cocinar algo en una olla, después de haberla usado hay que limpiarla. De la misma manera, si queremos darnos la oportunidad de tener una buena relación, deberíamos limpiarnos de la relación anterior, de los rencores, las frus-traciones, los malos rollos, las culpabilidades… Ni la culpa ni su ausencia son jamás cien por cien de un solo miembro de la pareja. Es muy liberador y sano averiguar cómo uno contribuyó a ese resultado, y luego integrar el aprendizaje y evolucionar.

5 ideas para que la relación funcione

Según Rosetta Forner, “el otro jamás tiene la culpa de lo que nos pasa y usar el ‘acuseiner’ y el ‘quejeiner’ solo envenena las relaciones”. Tenemos más capacidad de la que creemos para hacer que nuestra relación funcione. Toma nota:
1 Tú primero. Ten una relación sana contigo mismo y luego busca a la persona que le hable a tu alma.
2 Analiza. Es muy bueno analizar, considerar cuál fue la contribución por acción y por omisión al resultado de una relación fallida. No se trata de buscar culpables, sino de encontrar motivos para ponerles solución, si es posible.
3 No hagas diferencias de sexo, sino entre personas. “Cuando entendamos y aceptamos esta realidad, nos irá mejor a todos en todos los sentidos”, dice Forner.
4 Acepta las diferencias. Un hombre y una mujer son distintos, pero una persona y otra persona también lo son, no importa tanto el sexo como la personalidad, el carácter, la cultura, la educación, los estudios, etc. Todo cuenta, pero si se ama de verdad, esas diferencias enriquecen la relación.
5 Déjale ir. Según Forner, “si no se ama a la persona, es mejor dejarla”. Algunas personas mantienen una relación por costumbre, por no quedarse solas o porque tienen miedo. Ninguna de estas razones es válida en el amor y puede con-vertir la relación en algo muy negativo.

LA AUTORA
Rosetta Forner
Es coach y escritora. Dejó la publicidad, donde ocupó cargos directivos, para dedicarse al coaching personal y empresarial. Su formación en España (Ciencias de la Información, Sociolo-gía, Marketing) y Estados Unidos (PNL, Hipnosis Ericksoniana, Psychology in Mass Communi-cations), unida a su trayectoria profesional, le han permitido diseñar un estilo de coaching que se refleja en sus libros, cursos y conferencias. Es autora de Que no te la den con queso,
El último sapo que besé, Cuentos de hadas para aprender a vivir y PNL, la llave del éxito.

 Recibido en un archivo desde: manifiesto@plataformaporlaigualdad.es

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