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jueves, 3 de marzo de 2011

Cuando los hermanos viven separados

01 mar 2011  I. Menéndez
¿Es posible llegar a tener el sentimiento de fraternidad si no se convive? Todo depende de las experiencias que hayan compartido.
No se elige tener a un hermano, pero es algo que enriquece nuestra vida si la relación se construye en un ambiente adecuado. Para llegar a quererle hay que superar la rivalidad inevitable que se siente hacía él, ya que en principio un hermano es un rival en el amor hacia los padres. Tanto el padre como la madre son fundamentales para fomentar la relación fraterna, que llega a darse cuando aparecen la solidaridad y el amor.
Entonces la fraternidad se convierte en una de las relaciones más dulces de la vida. Los lazos afectivos entre hermanos están reforzados por la convivencia, la complicidad y los buenos ratos juntos. Es muy difícil organizar una relación si, sobre todo en la primera infancia, no se ha vivido el suficiente tiempo juntos.
Los hermanos, para sentirse como tal, tienen que haber compartido una historia afectiva. El universo fraterno está nucleado en torno a una serie de representaciones y recuerdos dotados de intenso valor afectivo, y habitado por deseos hostiles y amorosos. La relación entre hermanos tiene especial importancia sobre la estructuración de la vida psíquica porque ayuda a elaborar los afectos dirigidos a los padres y sienta las bases de las relaciones con nuestros iguales.
Desencuentro. A veces, por unas u otras razones, los hermanos tienen que vivir separados. Cuando los padres se divorcian, es conveniente, en la medida de lo posible y sobre todo si son pequeños, no separarlos. En estas situaciones familiares los niños también se ven afectados y los hermanos son un refugio. En ocasiones, un miembro de la pareja, para calmar al otro, separa a los hermanos, pensando más en la estabilidad emocional del adulto que en la unión entre los hijos. Entonces, como le ocurrió a Estefanía, es posible que la relación quede muy dañada.
Estefania no quiere ver a su madre ni a su hermano, de los que vive separada desde hace siete años. Cuando tenía 10 y su hermano Diego dos, sus padres se divorciaron. El padre de Estefanía cayó en una depresión y amenazó a su mujer con suicidarse si abandonaba la casa familiar. Para ayudarle a superar la soledad, la madre decidió que Estefanía se quedara con él y ella se fue con Diego. De este modo, a la niña se le dejó el papel de enfermera y esposa sustituta. Ahora su madre quería volver a verla, pero ésta se negaba categóricamente.
Estefanía no solo se había sentido abandonada afectivamente por su madre y creía que ésta solo quería estar con su hermano, sino que la separación la había colocado respecto a su padre en una situación de demasiado apego. Rechazaba también a su hermano porque era demasiado pequeño cuando se separó de él y no habían compartido nada. El divorcio impidió las relaciones fraternas.
Un caso muy diferente es el de Carlos y Julio, dos hermanos de 14 y 12 años que tras la separación de sus padres decidieron irse a vivir cada uno a una casa. Pero todos los fines de semana estaban juntos. En este caso los padres pudieron poner los intereses de sus hijos por delante de los suyos. Rescatar un poco de espacio para seguir alimentando la relación fraternal proporciona siempre bienestar. Cuando los hermanos han tenido una vida en común antes de la separación, aunque vivan en casas distintas, esa historia siempre les funcionará internamente cuando vuelvan a encontrarse.
Lo que se ha compartido se convierte en un apoyo emocional: hay un hermano al que se puede acudir aunque no esté cerca. Separarse de alguno de los padres ya es suficiente reto como para también tener que separarse de los hermanos. Pero cuando las razones de la separación se deben a que se envía a alguna hermana a vivir con la abuela, por ejemplo, los demás pueden vivir a la que se ha ido como una privilegiada que allí va a encontrar lo que no obtendría con sus padres.
Sin embargo, la hermana que se fue con su abuela puede vivirlo como una suerte de abandono hacia ella por parte de sus padres y hermanos, se siente excluida y sufre.

Evitar errores

La separación de los hermanos siempre es mala cuando se produce en la primera infancia. Los padres tienen que privilegiar que los pequeños sigan juntos cuando por conflictos o movimientos familiares haya la posibilidad de vivir en más de un sitio. Y evitar por todos los medios que no se vean.
Toda separación conlleva una pérdida, pues durante esta etapa de la vida se gesta lo fundamental de la relación fraterna. No debe suponerse que el hecho de ser muy pequeño le hará notar menos este tipo de cambios en su entorno. En este caso habrá que hablarles del hermano y procurar que mantengan algún tipo de contacto.
En el caso de que ellos quieran, pueden vivir separados, pero la familia tiene que favorecer los encuentros con los hermanos.
Puede suceder que en alguna ocasión sea conveniente que no estén juntos durante un tiempo. Cuando la rivalidad es alta, que vivan cada uno en un lugar durante una temporada corta puede servir para que reflexionen. Se puede aprovechar, por ejemplo, el verano.
http://www.hoymujer.com/ser-Madre/Educar/Cuando-hermanos-viven-separados-617557032011.html