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jueves, 2 de agosto de 2012

Carta a Clara Campoamor en el 80 aniversario del voto femenino

Jueves, 2 de Agosto, 2012
La imagen pertenece al enlace:
- Un reportaje alemán llama a las ministras españolas "muñequitas de moda"
Clara querida: Supe de ti siendo muy niña. En plena represión franquista, mi padre descubría para mí los valores democráticos. Destacados políticos, escritores comprometidos y poetas desaparecidos o exiliados desfilaban ante mí llenos de pasión y coraje. Así fue como apenas atisbé a conocer a toda una generación que se nos hurtó y cuyo vacío aún es visible en nuestra cultura democrática. Me emocionaba con el relato de la proclamación de la II República, aquella explosión de alegría de todo un pueblo. O escuchaba con devoción cómo se formaron aquellas Cortes Constituyentes donde tú, y únicamente tú, brillabas con luz propia consiguiendo para nosotras, las mujeres, el derecho al voto. Yo sentía un íntimo estremecimiento de gratitud ante el apoyo del Partido Socialista al reconocimiento del voto femenino, aun pensando que no les favorecía. No le tembló la voz al diputado Cordero ni a quienes siguieron sus directrices. Siempre me ha parecido extraordinario contemplar esa situación en que la lealtad a los principios cobra vida. Y así fue como te convertí en mi heroína, dentro de aquel mundo luminoso y ancho de libertad y justicia que mi padre dibujaba para mí, frente a la sordidez en la que vivíamos en nuestro país.
Mucho después, en los últimos años 70 del pasado siglo y ya militando en el Movimiento Feminista, volví a encontrarme contigo y supe el alto precio que te hicieron pagar por aquella hermosa hazaña, protagonizada con tanto acierto en la propuesta y en el largo debate dialéctico. Tu profunda preparación intelectual, tu inteligencia y agilidad en el contraataque se habían puesto de manifiesto. Sí, querida Clara, fue una hazaña. No sólo se trató de uno de los avances democráticos más importantes de la República, si no el más importante. Pero, además, y después de experimentar el rechazo hacia nuestra lucha por la igualdad entre mujeres y varones, realmente parece impensable que 80 años antes, una sola diputada, de entre las dos que habían conseguido escaño, se atreviera a defender el derecho de ciudadanía de las mujeres con las únicas herramientas de la lógica y la razón. Y, sobre todo, consiguiera que aquella empresa terminara con éxito.
No les bastó a aquellos "sesudos" políticos con darte la espalda, fue necesario hacerte saber lo que de diabólico tiene la misoginia. Se hizo preciso quebrar tu brillante carrera política, someterte a un juicio inquisitorial, condenarte al silencio... sentiste "el odio encendido y el rencor inagotable" como tú misma escribes. Odio y rencor más intenso cuanto que no te doblegaste nunca ante el castigo. Te mantuviste firme, coherente con tu pensamiento, leal a los principios que defendías con criterio propio. Sin perder un ápice de dignidad. Todo, en fin, aquello que la misoginia aborrece radicalmente en las mujeres.
Tu gallardía les superaba: "No quise hurtarme al rencor ni a la venganza. A fin de cuentas no es a mí a quien el episodio empequeñece".
Tu lucidez les resultaba insoportable: "Los hombres toleran en los partidos a las mujeres a condición de que de su actuación inocua no tengan nada que temer, pero se oponen por todos los medios, limpios o no, a dar paso a las otras. Da lo mismo que su actitud no sea justa, ni política, ni decorosa, ni inteligente. En el núcleo de esas gentes que hacen gala de su derecho a administrar el país, a ser timoneles de la política, o en la más noble hipótesis: servir al régimen (republicano) estorba, antes que interesa, quien tenga algún título ganado para tan delicados menesteres. Tarea fácil para caciques de asambleas sin altura"
La crítica al aparato de los partidos políticos sigue siendo, actualmente, una delicada y peligrosa actividad. Hoy, las resistencias del patriarcado continúan intactas, si bien de forma más o menos sutil o inconfesable, con esa capacidad de irse adecuando a cada momento histórico siempre vigilante para intentar contener, en los más estrechos márgenes, los avances que inevitablemente vamos haciendo.
Gracias por cuanto hiciste, por el temple que demostraste en todo momento. Y por ser, para nosotras, un vivísimo referente.
http://www.diarioinformacion.com/opinion/2011/03/12/carta-clara-campoamor-80-aniversario-voto-femenino/1104001.html

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