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jueves, 14 de abril de 2011

Mis padres se separan

Aunque los divorcios están a la orden del día y muchos de tus amigos son ‘hijos de separados’, cuando son tus padres los que te comunican el fin de su matrimonio, no te puedes creer que te pase a ti. La separación es un acontecimiento doloroso para todos. Ya nada es como antes, hay que reorganizarse y eso siempre es difícil… ¡pero superable! Si estás viviendo esta situación de cambios y sentimientos encontrados, intentaremos darte un poco de luz para que vivas lo mejor posible este proceso.
Jueves, 14 de Abril de 2011, M. M. Garrido
Hay un club que día a día gana más afiliados. Para entrar en él no hay que pagar cuota, ni inscribirse, ni hacer mérito alguno, es más, no parece que tengamos demasiado interés en pertenecer a él, pero de repente un día toca a tu puerta y te entregan el carné de socio: es el club de “Hijos de padres separados”. Nada vuelve a ser como antes.
Es difícil entender y aceptar esta situación. Pero la pareja es algo así como un ser vivo: nace, crece, se desarrolla y a veces también muere, aunque sea antes de tiempo. Los esposos pasan a convertirse en ex (ex-marido, ex-esposa), viven en casas distintas, incluso pueden tener relaciones afectivas con otras personas. Pero la ruptura de este vínculo no les convierte en ‘ex-padres’ y es aquí donde entras tú.

Fases por las que tendrás que pasar
El proceso de separación en cada pareja es diferente: puede ser rápido y cordial o, por el contrario, lento y doloroso, precedido de discusiones feroces, silencios pesados, mal ambiente familiar, amantes, incluso abandono de las obligaciones del hogar y caída en las adicciones. Y de cómo se haya producido la ruptura dependerá mucho las relaciones que se establezcan después entre las tres partes: madre / madre / hijo.
Pero independientemente de cómo se haya llegado a esta situación, según afirma la AEPap (Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, http://www.aepap.org/joven/divorcio.htm) para recuperar la estabilidad emocional después del choque has de pasar por un proceso de sentimientos inevitables:
1) Tristeza. ¿Por qué a mí? Es probable que sea la primera pregunta que te plantees. De pronto papá o mamá abandona el hogar y la tristeza y la depresión pueden inundarte. Es algo normal, parte del proceso. El problema viene cuando te dejas dominar por esa tristeza y no luchas por salir adelante.
2) Culpa. Después llega la culpa: “Se fueron por mí”, “Yo podría haber hecho algo para evitar que se divorciaran”. También puede suceder que proyectes tu culpa en ellos: “Mamá no luchó lo suficiente por salvar la relación”, “Papá nunca ha querido a mamá, ¿por qué se casó con ella?”. Esto es producto de tu enfado, vas generando juicios de valor contra ti y contra todos para aliviar el dolor y la rabia que sientes dentro.
3) Buenas intenciones. Aún en caliente se te puede pasar la descabellada idea de forjar un plan infalible para volver a unir a tus padres y así recuperar la familia que tenías antes, como si fueras su salvador. Y entonces comienzas a hablar bien a papá de mamá y viceversa, a concretar salidas todos juntos y a insinuarles, en definitiva, que se den una nueva oportunidad (por el bien de sus hijos). Un error, puesto que la unión de los padres no depende de los hijos y es mejor mantenerse al margen de sus decisiones.
4) Odio. “Odio a mi padre porque se fue de casa”, “Odio a mi madre porque no para de llorar”, “Les odio porque han roto mi vida”. No te avergüences de este sentimiento, es normal y suele desaparecer con el tiempo.
5) Confusión. “¿Qué es lo que ha pasado?”, “¿Por qué se casaron si ahora se odian?”, “¿Por qué se siguen peleando?”. Estas son las preguntas que con serenidad has de plantear a tus padres si no quieres que las dudas y la confusión se conviertan en amargura por no saber qué les ha llevado a esta situación.
6) Incertidumbre. Es una de las situaciones más complicadas de sobrellevar, el no saber qué va a pasar a partir de ahora. Tenías una vida, pero ahora todo ha cambiado y no sabes dónde vivirás, quién te va a llevar a tus entrenamientos o si tan siquiera tendréis dinero suficiente para poder llevar el mismo ritmo de vida que hasta ahora.
Pero sientas lo que sientas y pienses lo que pienses, eres un joven normal. Otros chicos o chicas que han vivido lo que tú, también han pensado, han sentido, han sufrido y han dudado como tú lo haces ahora. Es el proceso emocional habitual en una separación.

¿Y ahora qué?
Como ves, toda separación implica un proceso de adaptación a situaciones nuevas, resolución de conflictos y, en definitiva, una reorganización familiar. Se pasa mal, sí, pero la única forma de poder superarlo de una forma positiva es actuando. No te cruces de brazos, tú puedes hacer algo para ayudar en esta situación. Lo primero, preguntar. Pide que te den explicaciones. Eres parte de la familia y protagonista indirecto de lo que está sucediendo, por eso tienes derecho a conocer los motivos que han llevado a tus padres a tomar esta decisión. Posiblemente no quieran hablar de algunos aspectos íntimos, pero te pueden dar una idea de lo que ha ocurrido, sin entrar en detalles. Porque, por ejemplo, no es lo mismo que los dos estén de acuerdo a que sólo uno quiera separarse. Estos son los casos más conflictivos, pues es posible que el resentimiento que genera el no aceptar la situación anule la razón y dificulte el proceso.
También es importante que les preguntes cómo se sienten ellos. Es un momento difícil para ambos puesto que tienen que tomar decisiones importantes con respecto a ti y a tus hermanos, si los tienes, además de superar paralelamente el dolor emocional que produce una separación.
Tus amigos también te podrán ayudar, sobre todo si alguno de ellos ha pasado por lo mismo y puedes compartir experiencias con él.
Y si los ves bloqueados y son incapaces de tomar decisiones coherentes, recuérdales que existen profesionales, llamados Mediadores Familiares, que ayudan a las parejas a separarse y reorganizarse emocionalmente. No resuelven el problema, ni quitan el dolor, pero pueden ayudarles a pasar por este trance más fácilmente y a no estancarse en él.

Cosas que hay que evitar
Según las psicólogas Rosana Bellosta Asín y Elisa Múgica San Emeterio, de la Asesoría Psicológica de la Universidad de Zaragoza y del CIPAJ (Centro de Información Juvenil del Ayuntamiento de Madrid), hay situaciones que se deben evitar en este proceso, para no empeorar las cosas:
1. Si los padres lo llevan mal, no tomes partido por ninguno. Esta guerra no es tuya y has de estar en los dos bandos.
2. No permitas que tu padre o madre haga campaña en contra del otro. No sigas su juego. Intenta mantener la relación que tenías anteriormente.
3. No te aproveches de su vulnerabilidad o culpabilidad. Nada de saltarte las normas o sacarles a uno y a otro tus caprichos. Esto no te beneficia ni a ti ni a la relación.
4. No ocupes el lugar o las responsabilidades del que se ha ido. Es un papel que no te corresponde, puede suponerte mucho peso y una fuente de angustia.
5. No actúes de recadero entre ellos. Ambos deben encontrar la manera de dialogar de forma civilizada. Tampoco debes actuar de hijo espía, lo único que conseguirás es aumentar los conflictos entre tus padres. Expresa que tú vas a disfrutar del tiempo que estás con tus respectivos padres.

http://gacetajoven.es/psy/mis-padres-se-separan/

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