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jueves, 4 de octubre de 2012

Lo que la Señora Becerril tendría que saber

Jueves, 4 de Octubre, 2012
Enlace:
- Becerril promete ser la defensora "de todos los españoles"
Recientemente, y a raíz de los asaltos a dos supermercados por parte de varios integrantes del Sindicato de Trabajadores Andaluz  inspirados por el alcalde de Marinaleda, Señor Juan Manuel Sánchez Gordillo,la Defensora del Pueblo, Señora Soledad Becerril, ha hecho declaraciones de un carácter remarcadamente sexista e ideológico al afirmar que estos hechos podrían calificarse como “robo con violencia hacía las mujeres” o que si de haber habido cajeros de 1.90 y 90 kilos de peso los asaltantes “no habrían actuado así.”
Lo que la Señora Becerril como Defensora del Pueblo debería saber es que la mayor talla, corpulencia y fuerza física que por naturaleza suelen tener los hombres en comparación con las mujeres no es generalmente una protección frente a la violencia. Por el contrario, la mayor parte de agresiones y muertes violentas las sufren los hombres, en todos los países independientemente de que nos encontremos en un entorno bélico.
Según la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito) en su primer Estudio Global sobre el Homicidio, publicado en el año 2011, estableciendo una media mundial los hombres se enfrentan a un riesgo mucho mayor de muerte violenta (11,9 por 100.000) que las mujeres (2,6 por 100.000).
Otro estudio de carácter internacional realizado por la Secretaría de la Declaración de Ginebra en el año 2011, el informe sobre “La Carga Global de la Violencia Armada”, da valores mundiales de violencia mucho más elevados para los hombres que para las mujeres, con un 87% de hombres víctimas de muerte violenta  frente a un considerablemente inferior 13% de víctimas de sexo femenino.
Al margen de lo fuertes que sean, precisamente por su mayor fuerza se les tiene menos compasión y se les trata con más agresividad y odio que a las mujeres*, como demuestran estas estadísticas mucho más veraces que las opiniones de la poco documentada en este tema Señora Becerril. La realidad es justo la contraria de la que ella defiende, una grave equivocación que no trascendería en una irrelevante conversación de cafetería, peluquería o taberna, pero que es una prueba de ignorancia, tendenciosidad feminista y escaso interés en hacer bien su trabajo cuando la emite un cargo público. Efectivamente, si la Defensora del Pueblo no sabe cual es el perfil que más se corresponde con un determinado abuso ¿cómo va a defender a las víctimas correctamente?
De hecho, en nuestro país muchos crímenes violentos graves son también sufridos mayoritariamente por los hombres. Según los datos del Anuario Estadístico 2006 del Ministerio del Interior, presente en el siguiente link.
En su tabla 45 titulada víctimas, Pág. 292 concretamente, se indica que los varones víctimas de robo con violencia e intimidación fueron 41760, los de asesinato 52, los de lesiones 10913 y los de homicidio doloso 897, frente a 33570, 38, 6479 y 263 mujeres respectivamente. Unas cifras nada desdeñables referidas al grado de delincuencia que los hombres de nuestro país padecemos, y que en todos los campos mencionados superan a las sufridas por mujeres. **
En lo referido a la violencia doméstica es difícil rastrear en un país hembrista como es España la cantidad de maltrato que los hombres sufren a manos de sus parejas femeninas. De hecho los estudios claramente sesgados que el Instituto de la Mujer realiza sobre el tema no permiten avanzar en este punto, ya que las estadísticas carentes de cualquier valor científico que esta institución realiza periódicamente bajo el sonoro nombre de “Macroencuesta de Violencia de Género” o similares, excluyen a priori la consideración de los hombres como víctimas de esta violencia, parten de una concepción unilateral de la misma y valoran sólo el grado de maltrato físico o psicológico sufrido por las mujeres. Pero otros estudios más avanzados, cuyo análisis de la violencia doméstica es más objetivo al considerarla bilateral y simétrica, es decir, considerar que tanto los hombres como las mujeres pueden asumir el rol de víctimas o victimarios, arrojan datos bastante igualados sobre el grado de violencia tanto física como psicológica sufrida y ejercida en la pareja por ambos sexos. El excelente trabajo del autor Javier Álvarez Deca titulado “La Violencia en la Pareja: Bidireccional y Simétrica” publicado por la editorial Visión Libros en el año 2009 ofrece luz en este punto de un modo magistral, al hacer un análisis pormenorizado de 230 estudios internacionales en los que se concluye que hombres y mujeres sufren grados de violencia física y psicológica muy similares en el seno de la pareja. Un trabajo valioso, riguroso y neutral que por superar y contradecir los mentirosos dogmas del feminismo de género necesariamente debe ser soslayado por nuestras instituciones y cargos hembristas.
Como vemos el hecho de ser un hombre no excluye en nuestra sociedad el riesgo de ser agredido, las estadísticas lo demuestran, aunque a  las ultrafeministas les guste dar a entender lo contrario. Si hubiese habido un cajero masculino que se hubiese enfrentado a los manifestantes lo más probable es que de ser necesario en vez de sufrir empujones hubiese recibido como mínimo un puñetazo.
Otro tópico que la sexista señora Becerril emplea es la imagen desproporcionada de las medidas de los hombres, cuando en realidad son pocos los varones de 1,90 y 90 kilos de peso, y buena parte de los asaltantes del supermercado eran hombres también, que hubiesen estado bastante igualados en fortaleza y corpulencia con los hombres de corpulencia normal*** que podrían trabajar en el supermercado, de no ser porque los trabajos de cajera han sido desde siempre más dados a mujeres, como casi todos los empleos propios del sector terciario. De hecho actualmente son los hombres jóvenes quienes más dificultades tienen a la hora de encontrar un puesto de trabajo. Durante los últimos años más del 70% de los nuevos contratos han sido dados a mujeres, merced al auge del sector servicios dentro del mundo laboral y la preferencia que en este sector se tiene por la contratación femenina. En el número 186 de la revista Muy Interesante, de noviembre de 1996, entre las conclusiones del artículo  “Mujeres el sexo más fuerte” se mencionan las opiniones de varios expertos, principalmente las del sociólogo William Wilson, según los cuales la desaparición de los puestos de trabajo mayoritariamente masculinos y el auge de los femeninos darán lugar en el futuro próximo a una mayor tasa de desempleo y marginalidad para los varones. Según William Wilson el hombre parado tiene menos posibilidades de adaptarse a nuestra sociedad que la mujer desempleada ya que dentro de las parejas heterosexuales –las típicas según el actual modelo social- le es mucho más difícil encontrar apoyo mediante el matrimonio a un hombre sin trabajo que a una mujer. En este artículo, y a colación de lo mencionado más arriba, se cita también que los crímenes violentos afectan al triple de hombres que de mujeres.
Estas discriminaciones contra los hombres justifican que hubiese casi todo cajeras trabajando en el momento del robo, ya que esta es una categoría profesional en la que se privilegia a las mujeres. Los hombres jóvenes están teniendo tantas dificultades para encontrar empleo que en muchas ocasiones acuden a los puestos de trabajo con mayor siniestrabilidad laboral-tradicionalmente masculinos- por causa de la pura supervivencia económica. Esto se traduce en la perpetuación de una discriminación de género de la quela Señora Becerrilno nos hablará jamás: la mayor mortandad laboral reservada por la sociedad al sexo masculino.
Durante la celebración del Día Internacional por la Salud Laboral del año 2011 múltiples sindicatos, asociaciones y partidos políticos denunciaron que la precariedad «amenaza con empeorar más la salud laboral de las personas jóvenes». Los datos señalaban que las personas entre 16 y 35 años eran las que más posibilidades tenían de sufrir accidentes laborales, y que este colectivo había padecido el 40% de los siniestros laborales durante el 2009.
Lo que no advertían ni nuestros sindicatos ni nuestras instituciones es que la inmensa mayoría de las “personas” (¿Por qué será que cuando los hombres somos los más discriminados los medios de comunicación no suelen hacer referencia al sexo de las víctimas?) de ese rango de edad que sufrían los siniestros eran hombres jóvenes, ya que  cerca del 95% de los accidentes laborales graves o mortales son sufridos por varones.
Por lo demás, incluso si los cajeros presentes en el supermercado hubiesen sido más grandes y fuertes que la media de los asaltantes ¿implicaría esto que debieran utilizar su mayor corpulencia para enfrentarse físicamente con ellos? Una vez más un tópico sexista sirve, como no, para añadir más discriminaciones a los hombres, aunque curiosamente, este tópico también haya sido desmentido en otras ocasiones por las mismas feministas.  Esto nos acerca a otra actitud absurda secundada por el feminismo en general, a saber, el oportunismo vergonzoso con que la feminista media interpreta las mismas realidades según el interés del momento. Me refiero en este caso a la mayor fuerza física del hombre normal comparada con la de la mujer normal. ¿Es una ventaja para los hombres? No, no lo es, ya que las mujeres son-según el feminismo-capaces de hacer cualquier trabajo que realicen los hombres, incluyendo los que requieran un grado considerable de fuerza física, hasta tal punto que si las mujeres desean ser bomberas o policías, en muchos países occidentales se las permite pasar las pruebas físicas para acceder a estas profesiones con resultados inferiores de los exigidos a los hombres. En esta misma línea varias asociaciones feministas han solicitado recientemente en Madrid que las pruebas físicas para las mujeres candidatas a bombero sean más leves que las exigidas a los hombres, ante la intención del vicealcalde de esta ciudad, Sr. Manuel Cobo, de exigir un mínimo idéntico para los dos sexos.
Como en este caso el propósito es favorecer la incorporación de la mujer al trabajo no puede reconocerse que la mayor fuerza física de los hombres sea una ventaja, con lo cual las mujeres, según las feministas y hasta aquí, no están en desventaja en este punto. De una forma u otra e incluso con peores resultados en las pruebas físicas podrán hacer el trabajo igual de bien que los hombres, aunque sea un trabajo que requiera precisamente muy buenas condiciones físicas.
Pero en el caso de los robos en los supermercados el propósito es distinto. El propósito es victimizar en exclusiva la figura femenina para seguir potenciando la imagen de discriminadas de la que tanto rédito obtienen las feministas. Y en este caso, ahora sí, la mayor corpulencia del hombre sí es una desventaja para las mujeres, por eso ellas son más víctimas, se las trata peor-según el mentiroso feminismo, aunque las estadísticas demuestren lo contrario- y en consecuencia, el hecho de que una de las cajeras fuese empujada y se produjese un tumulto en el momento del robo con actitudes intimidatorias por parte de los manifestantes, se convierte gracias a la manipulación ideológica en “un robo con violencia hacia las mujeres”. Y esta clase de trampas dialécticas son dañinas, ya que constituyen la materia prima con la que las feministas distorsionan impunemente la información para engañar a la sociedad,  y a partir de ahí promulgar leyes injustas o crear instituciones que discriminen todavía más a los hombres.
Un análisis centrado exclusivamente en destacar dentro del colectivo de víctimas a las de sexo femenino constituye un trato preferente con este sexo, y ayuda a generar un alarmismo social cuyo resultado permite intensificar sin demasiado rechazo popular normativas injustas, como las leyes de género nacidas del feminismo radical. Un ejemplo lo vemos en la siguiente ampliación dela LeyIntegralcontrala Violenciade Género, permitiendo su aplicación fuera del contexto de la relación de pareja y favoreciendo que ante cualquier conflicto entre un hombre y una mujer el hombre pueda ser fácilmente criminalizado. Por estos motivos la frase “robo con violencia hacia las mujeres” no es una observación ingenua, al revés: precisamente por incluir la coletilla “hacia las mujeres” es la esencia de la visión política y social de la que nacen  leyes discriminatorias.
Si la señora Becerril fuese una Defensora del Pueblo igualitaria no habría añadido la coletilla “robo con violencia hacía las mujeres”, no habría hecho un sesgo sexista para remarcar el sufrimiento de uno de los dos grupos sexuales, tendría a ambos en la misma consideración. Hubiese dicho robo con violencia a secas y eso demostraría que piensa en las personas, que no actúa guiada por el egoísmo característico de la agenda hembrista.
O como alternativa también válida, la habríamos escuchado emplear en otras ocasiones términos como “accidentabilidad laboral contra los hombres”, “legislación injusta en contra de los hombres” “discriminación de género antivarón” amén de un largo etc. de declaraciones afines que implicarían quela SeñoraBecerriltambién está sensibilizada con las discriminaciones de género que la sociedad ocasiona a la otra mitad de la humanidad, la dotada de genitales externos, la que es diferente de la suya y que a ella le da igual.
En esencia poseía dos vías para demostrar no ser una hembrista: o matizar las discriminaciones sufridas por ambos sexos, o no aplicar ninguna clase de especificación sexual y enfocar sus críticas sin salir del concepto personas. Lo que no puede aceptarse es plantear un análisis asimétrico y ventajista, clamoroso con las dificultades de las mujeres y ciego y mudo ante las de los hombres. Esto es diferenciar personas de primera y segunda categoría según su sexo.
Pero la Señora Soledad Becerril prefiere la opción discriminatoria porque es mucho más sensible al perjuicio que sufren las mujeres. Detecta los casos en los que la víctima es femenina con gran precisión, pero curiosamente no capta el sexo de la mayoría de las víctimas cuando estas son varones. Cabe pensar si no será totalmente insensible al concepto de que los hombres puedan sufrir discriminaciones de género masculinas. Puede que sólo nos considere como privilegiados, a pesar de la multitud de datos que demuestran  que en muchos casos la sociedad nos da a los hombres  la peor parte.
Que exagerada e hipócrita resulta ahora su afirmación, realizada al tomar posesión de su cargo, de que ella sería la Defensora del Pueblo de todos los españoles. Sí, Señora Becerril, pero las mujeres siempre por delante y los hombres como grupo sexual carecen de significado ¿verdad? Y eso está bien porque esa es la única “igualdad” que a Ud. le interesa.
Siendo así, como demuestra la inmediatez con la que ha añadido la parcialidad  femicéntrica en su valoración del asalto a los supermercados, ella forma parte del Status Quo hembrista en el que vivimos, altamente extendido entre nuestras instituciones y dirigentes. Por eso tenemos que presionar para que la hembrista Señora Becerril abandone su cargo, dejándolo libre para que puedan ocuparlo personas dotadas de una conciencia verdaderamente igualitaria.
Este es el enlace al Servicio de Atención al Ciudadano del Congreso de los Diputados:
Si estás de acuerdo con lo aquí expuesto puedes mandar allí el siguiente mensaje u otro parecido:
“Por el  posicionamiento ideológico hembrista de la actual Defensora del Pueblo, Señora Soledad Becerril, reconocible en las declaraciones realizadas a tenor del asalto a dos supermercados por parte del Sindicato Andaluz de los Trabajadores el pasado 7  de Agosto, en las quela Señora SoledadBecerril afirmó que estos hechos podrían calificarse como “robo con violencia hacía las mujeres” o que si de haber habido cajeros de 1.90 y 90 kilos de peso los asaltantes “no habrían actuado así”, planteando la noción discriminatoria de que debe presuponerse a los hombres el rol añadido de protectores preferentes y escudos humanos en situaciones de riesgo, con todo el posible perjuicio que para los hombres pueda derivarse de este planteamiento, y sabiendo que en ninguna declaración anteriorla Señora Becerrilha matizado el sexo de las víctimas o personas perjudicadas en cualesquiera situaciones, si estas eran en su mayoría o exclusivamente de sexo masculino, ni siquiera ante situaciones sociales bien conocidas en las que el mayor daño lo sufren los varones con creces y que por objeto de su función de Defensora del Pueblo ella debería conocer, como puedan ser: las muertes prematuras y violentas o el mayor número de agresiones físicas sufridas por hombres, junto con la vulgarización en los medios de comunicación de la figura masculina como objeto de violencia, creaciones culturales que actúan como modelo que perpetúa la situación recién mencionada.
Señalar también como discriminaciones típicamente masculinas a las quela Señora Becerrilno ha dado enfoque de género los accidentes laborales graves o mortales y el elevado número de suicidios cometidos por varones sobre todo dentro del contexto de la ruptura de parejas, fuertemente influenciados por las actuales legislaciones y sentencias unidas a los procesos de separación y divorcio.
Tampoco ha destacado nuncala SeñoraBecerrilcomo abuso padecido en exclusiva por los hombres los efectos injustos sufridos por estos como resultado de las modernas legislaciones de género, principalmente dela LeyIntegralcontrala Violenciade Género, claramente misándrica y generadora de un apartheid legal antivarón en nuestro país.
Si la actual Defensora del Pueblo fuese una persona realmente igualitaria cualquiera de las situaciones anteriores la hubiesen permitido remarcar que se trataba de situaciones de violencia, injusticia o discriminación de género contra los hombres, cosa que no ha hecho, ya que ella sólo subraya el sexo de las víctimas de ser estas femeninas.
Por todo lo anterior, solícito en definitiva que la señora Soledad Becerril sea depuesta de su cargo con la mayor celeridad posible, ya que su elevada y parcial sensibilidad ante los problemas de un sexo y su indiferencia con los del otro la convierten en una pésima e ineficiente Defensora del Pueblo”
ANOTACIONES
* Las dos principales discriminaciones de género masculinas, es decir “la competencia extrema entre varones
Nos explican las causas de esta situación. En la medida en que la sociedad ha reservado las tareas y funciones más arriesgadas y peligrosas a los hombres, y les ha educado para resolver los conflictos violentos que puedan surgir entre las diferentes colectividades estos son mucho más a menudo víctimas de la violencia que las mujeres. Por otra parte como la sociedad –o el colectivo de hombres y mujeres a lo largo de toda la historia- ha evitado este rol a las mujeres ellas corren menos riesgo de sufrir este perjuicio concreto.
Esta situación genera un alto nivel de tolerancia y aceptación ante la violencia contra los hombres, considerada como un fundamento atávico de la dinámica de las sociedades, pasando por alto el conjunto de elementos educativos y culturales que la originan y consolidan de generación en generación, lo cual conduce a ignorar el problema para a partir de ahí no aplicar las medidas correctoras necesarias. Por ejemplo, encontramos muchas campañas de sensibilización y empatía con los casos de violencia doméstica sufridos por mujeres, y la sociedad dedica gran cantidad de recursos económicos a fórmulas específicas para resolver esta situación. Aunque en general las directrices establecidas hasta la fecha no la han resuelto, estas campañas y apoyos se continúan. Nada similar existe en el caso de los hombres y esta lacra que en muchos países causa una gran mortandad sobre todo entre los hombres más jóvenes, hasta el punto de poder considerarse una auténtica epidemia de muerte y maltrato contra los varones, se mantiene plenamente vigente dentro del orden establecido, volviéndose patente de inmediato en cualquier país o circunstancia en la que se sufra un descenso de la paz social.
Contribuye a mantener esta situación el que la mal llamada lucha por la igualdad de sexos esté prácticamente monopolizada por el movimiento feminista. Efectivamente, si para las feministas los hombres somos privilegiados o si nuestros problemas no les sensibilizan en lo más mínimo, es normal que la falsa lucha por la igualdad feminista olvide  estas cuestiones.
En realidad y en lo que a la mayor parte del feminismo se refiere no hay lucha por la igualdad, sólo liberación y potenciación de un sexo, el femenino. El feminismo es un movimiento social y político fundamentalmente egoísta consagrado a apoyar y beneficiar al grupo sexual de las mujeres (aunque para ciertas feministas muy radicales esto nunca sería egoísta, sería humanismo puro, ya que según ellas los hombres no podemos ser considerados como seres humanos). Podría considerarse también como una ideología preigualitaria que debe superarse históricamente para avanzar hacia la auténtica igualdad. Su mayor mérito habría sido focalizar la atención en las discriminaciones sexuales y reclamar y elaborar algunos de los mecanismos necesarios para  luchar contra ellas. Pero su claro femicentrismo y misandria imposibilitan al feminismo para poder acabar con todas las discriminaciones sexuales, es decir tanto las que sufren las mujeres como las que sufrimos los hombres.
Así las discriminaciones masculinas no encuentran una respuesta específica en la actualidad, por la sencilla razón de que a las feministas no les importan y los hombres-algunos insensibles a estas cuestiones y otros colonizados por las ideas feministas- no hemos desarrollado aún con la suficiente fuerza ideológica, social y política nuestro propio movimiento liberador.
Decir que los hombres tenemos que aprender a apoyarnos, a ser muy solidarios entre nosotros, a evitar siempre que nos sea posible perjudicar a otros hombres, aunque la sociedad pretenda enseñarnos con mil y un ejemplos que hay algo de meritorio en que un hombre obtenga algún beneficio dañando en mayor o menor medida a otros.  La competencia extrema entre varones es la peor de todas las discriminaciones de género masculinas, surge de las primeras divisiones de roles nacidas de las diferencias sexuales –y por ende reproductivas- existentes entre ambos sexos y sólo podrá superarse cuando un porcentaje suficientemente elevado de hombres decidan conscientemente excluir de sus vidas y limitar en sociedad los modelos de conducta que la perpetúan y generan.
** ¿Porqué recurrir al Anuario Estadístico del Ministerio del Interior del año 2006 para hacerse con estas cifras y no hacer uso de uno más actualizado? Por la sencilla razón de que en los anuarios posteriores no se recogen datos sobre el sexo de las víctimas de los diferentes delitos, salvo para los casos de las agresiones sexuales o la violencia doméstica.
Como comprobación  el siguiente enlace.
De hecho profundizando en la cuestión y analizando también el conjunto de informes anuales de título “Mujeres y hombres en España”, realizados en cooperación entre el INE y el Instituto dela Mujer, nacidos con el propósito de comparar la situación de ambos sexos ante diferentes parámetros sociales para detectar posibles discriminaciones de género, puede observarse que también han reducido en sus últimas ediciones el tema de las víctimas de delitos exclusivamente a los casos de violencia de género, una valoración tramposa ya que por propia definición en la violencia de género los culpables son siempre hombres y las víctimas exclusivamente mujeres.
En efecto, del modo en que la legisladora feminista radical ha definido el concepto violencia de género sólo hay maltratadores, nunca maltratadoras, y sólo hay mujeres maltratadas, nunca hombres maltratados. Con leyes y estadísticas nacidas del egoísmo ideológico y carentes de cualquier respeto a la verdad es normal que en apariencia sólo sufran discriminaciones las mujeres.
Como comprobación el siguiente enlace, desde el que pueden conseguirse los mencionados estudios “Mujeres y hombres en España” desde el año 2006.
Puede comprobarse como en los informes del año 2006 y 2007 dentro de los apartados sobre “Delito y Violencia” se reconocía que en delitos como el asesinato, el homicidio doloso y las lesiones los hombres eran las víctimas mayoritarias.
No obstante y a pesar de que ante estos crímenes tan graves la mayor parte de las víctimas eran hombres, el cómputo global de víctimas del apartado “Delito y Violencia” daba un resultado superior para las mujeres. Probablemente si en ciertas categorías presentes en este apartado, como por ejemplo la de “delitos contra la libertad”, se hubiese incluido una visión justa con la situación que les toca vivir a los hombres considerando como “trato degradante” el sufrido por un elevadísimo número de varones llevados a los calabozos o sometidos a órdenes de alejamiento por denuncias falsas de violencia de género, o se hubiesen considerado “detenciones ilegales” o al menos como “trato degradante” también las condenas penales dadas a hombres por acciones que de haber sido cometidas por mujeres no hubiesen ido más allá de ser meras faltas (hecho imposible, porque este acto del todo injusto no constituye una detención ilegal para nuestro sistema hembrista), al basarse estas sanciones más severas para el sexo masculino en una doble vara de medir sexista que niega a los varones el derecho fundamental a la igualdad de trato ante la ley defendido en el artículo catorce dela ConstituciónEspañola,  las cifras de víctimas de delitos y crimen serían en el cómputo global principalmente masculinas por un amplio margen de diferencia.
Sin embargo en el estudio Mujeres y Hombres en España del año 2008 el desglose de víctimas  por sexo se vuelve menos exhaustivo.
Puede compararse el cuadro 6.5, Pág. 59, del informe del 2007 (basado en datos del anuario estadístico del 2005):
 Cuadro 6.5 Víctimas de delitos por sexo según tipo de delitos. 2005
Varones
Mujeres
TOTAL VÍCTIMAS
81.080
107.702
Contra el patrimonio
46.869
39.713
Robo con violencia o intimidación
46.869
39.713
Contra las personas
19.200
49.662
Asesinato
76
28
Homicidio doloso
966
284
Lesiones
10.909
6.499
Otros
7.249
42.851
Contra la libertad e indemnidad sexual
995
8.728
Abuso sexual
287
2.211
Abuso sexual con penetración
31
228
Agresión sexual
175
2.455
Agresión sexual con penetración
127
1.538
Otros
375
2.296
Contra la libertad
1.815
8.855
Detención ilegal
534
707
Malos tratos habituales en el ámbito familiar
1.052
7.866
Secuestro
99
72
Tortura
8
1
Trato degradante
122
209
Contra el orden público
12.201
744
Atentado a la autoridad, agentes o funcionarios públicos
12.201
744
Fuente: Ministerio del Interior. Anuario Estadístico de 2005.
Con el cuadro 6.6, Pág. 64, referido al mismo caso del informe del 2008 (basado en datos del anuario estadístico del 2006):
Cuadro 6.6. Víctimas de delitos según tipo de delito y sexo. 2006
Ambos sexos
Varones
Mujeres
% de mujeres
Total víctimas
188.043
80.012
108.031
57,5
Por tipo de delito
Contra el Patrimonio
75.330
41.760
33.570
44,6
Contra las Personas
71.508
18.439
53.069
74,2
Contrala Libertade Indemnidad sexual
9.137
1.034
8.103
88.7
Contra la Libertad
11.517
1.836
9.681
84.1
Contra el Orden Público
14.082
13.227
855
6.1
Resto
6.469
3.716
2.753
42,6
Fuente: Anuario Estadístico del Ministerio del Interior 2006. Ministerio del Interior.
Cómo desaparece de la vista del ciudadano el hecho de que dentro de los “delitos contra la persona” la mayor parte de las víctimas de homicidio doloso, asesinatos y lesiones venían siendo hombres hasta la fecha, y el crimen contra la persona que aumentaba la presencia de víctimas femeninas en esta área se englobaba en la categoría de “otros”.
Si en la valoración de los delitos contra la persona hasta el año 2007 se distinguían los siguientes casos: Asesinato, homicidios dolosos, lesiones y otros, ¿a qué puede corresponderse exactamente la categoría “otros” como delito contra la persona?

Varones
Mujeres
Contra las personas
19.200
49.662
Asesinato
76
28
Homicidio doloso
966
284
Lesiones
10.909
6.499
Otros
7.249
42.851
Obviamente debe tratarse de perjuicios menores. Tal como se presentaba la información en los estudios Hombres y Mujeres en España hasta el año 2007 quedaba claro que los hombres sufrían los delitos contra la persona más graves (más homicidios dolosos, más asesinatos, más lesiones) en mayor cantidad que las mujeres. Pero en la estadística más simplista del 2008 este hecho se oculta y puede parecer que quiénes se llevan la peor parte en la categoría de “delitos contra la persona” serían las mujeres:
Ambos sexos
Varones
Mujeres
% de mujeres
Contra las personas
71.508
18.439
53.069
74,2
Aunque como se veía en estudios anteriores es sólo en la categoría de “otros” donde tienen más presencia, categoría que se corresponde probablemente con los casos menos graves. Es claro que una estadística arreglada de esta manera conduce a una opinión equivocada sobre cuál de los dos sexos se lleva la peor parte en la categoría de los delitos contra la persona.
Es también a partir del informe Mujeres y hombres en España del 2008 donde cobra un creciente protagonismo el análisis de la violencia de género,  incluyéndose más tablas y cuadros dedicados a analizar detalladamente esta problemática. Otro tipo de violencia donde la mujer es la víctima mayoritaria, los delitos sexuales, sigue analizándose con el mismo detallismo que en los informes anteriores, distinguiéndose en esta categoría casos de abuso sexual, abuso sexual con penetración, acoso sexual, agresión sexual, agresión sexual con penetración, pero esta vez en un cuadro propio, subrayando la importancia y presencia de esta clase de delitos.
A partir del anuario Mujeres y Hombres en España del 2009 la tendenciosidad en la valoración de las víctimas según su sexo dentro del apartado de “delito y violencia” se vuelve más flagrante y son la violencia de género y los delitos sexuales los que se llevan todo el protagonismo, llegando a desaparecer  las tablas y datos estadísticos referidos a otros tipos de delitos.
Por lo que se ve, la creciente influencia del hembrismo a través del Instituto dela Mujer en los informes del Instituto Nacional de Estadística favorece una focalización en los delitos mayormente sufridos por mujeres (violencia de género, abusos sexuales) y un ocultamiento a la opinión pública de los que más a menudo, al menos hasta los datos del 2007, sufrían los hombres (crímenes englobables dentro de la categoría de delitos contra la persona como asesinatos, homicidios dolosos y lesiones físicas).
Tras valorar en profundidad estas tablas se nos plantean nuevas reivindicaciones masculinistas: que las estadísticas oficiales vuelvan a desglosar los delitos contra la persona  como lo hacían hasta el año 2006 en el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior, o como lo hicieron en los estudios Hombres y Mujeres en España hasta el año 2007, para mostrar a la opinión pública que los delitos violentos más graves son sufridos mayoritariamente por hombres y permitir que la ciudadanía esté alerta ante la evolución de esta discriminación de género masculina. Es también necesario que organizaciones hembristas como el Instituto de la Mujer no participen en la elaboración de estudios que pretendan ser objetivos, dada la clara manipulación de contenidos con la que destruyen la fiabilidad de estos estudios, como se ha demostrado patentemente en los casos analizados hasta aquí  para descrédito del mencionado instituto.
Puede que existan tablas y estadísticas oficiales que recojan posteriormente al año 2006 los datos a que he hecho referencia. Es muy probable, al fin y al cabo el autor de este texto no  un experto en temas estadísticos, ni trabaja en documentación o un área relacionada con los estudios del gobierno, soy sólo una persona corriente que busca información. Pero lo que está claro es que las herramientas más comunes y conocidas por el ciudadano han dejado de dar la información que permite rastrear la discriminación masculina y han desarrollado una tendenciosidad clarísima a favor de los intereses del feminismo de género, y si existen otras tablas menos conocidas que puedan evidenciar las discriminaciones de género masculinas, precisamente el hecho de que sean menos conocidas, más difíciles de encontrar o en general inexistentes para la persona  normal, son elementos que potencian la ignorancia sobre los problemas de los hombres,  obstáculos añadidos para que la población sepa cómo y cuándo los hombres nos llevamos la peor parte.
Hasta tal punto se nos discrimina a los hombres en un estado hembrista que incluso se llegan a retirar de las estadísticas oficiales los datos que puedan demostrar nuestra discriminación, justo los que los hombres interesados en nuestra liberación necesitamos para sensibilizar a la sociedad y convencer a los demás hombres para unirse a nuestra causa, centrando el interés de un modo exclusivo en aquello que los expertos y expertas tendenciosos saben sirve de sustento al feminismo de género. Así el sistema hembrista que padecemos aumenta su deuda histórica con los hombres al negarles el conocimiento de sus discriminaciones para a partir de ahí perpetuarlas.
***Bien podría decirse que la imagen sexista de gladiadores que ella propone para definir la masculinidad es un estereotipo tan necio y  alejado de la realidad, como el que resultaría de suponerle a la propia Señora Soledad Becerril un físico similar al de una Top Model sólo porque ambas son mujeres.
por Gustavo Revilla Olave
http://www.ellibrepensador.com/2012/10/01/lo-que-la-senora-becerril-tendria-que-saber/
Adjuntos hoy día 28 de Diciembre el siguiente enlace, pues el anterior a esta línea parece que ya no se encuentra accesible:
http://dfg1313.blogspot.com.es/2012/09/lo-que-la-senora-becerril-tendria-que.html

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