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domingo, 14 de noviembre de 2010

In memoriam (crónicas del absurdistam)

Domingo, 14 de Noviembre, 2010
La violación de los derechos humanos es un monopolio estatal. Sólo los Estados y sus instituciones tienen la prerrogativa de violar los derechos humanos con impunidad. Los Estados occidentales, que se consideran a sí mismos garantes máximos de esos derechos, también los violan a gran escala y, como suele ocurrir en tales casos, bajo la envoltura hipócrita de principios e intereses superiores. La separación sistemática del padre y sus hijos en los casos de divorcio, el doble rasero de las leyes de género o la indefensión y presunción de culpabilidad del hombre frente a las falsas denuncias de su pareja constituyen, en conjunto y por separado, situaciones de violación de derechos humanos básicos como son la vida familiar, la presunción de inocencia o la igualdad ante la ley.
Y no porque la sociedad se haya acostumbrado a ella, esa violación deja de ser más grave. Quién aún tenga dudas o piense que los padres separados exageran, que trate de imaginarse al revés una situación generalizada desde hace varios decenios y cada vez más frecuente:
Un buen día, el padre, previa visita a un abogado, descuelga el teléfono para comunicar a la policía que su mujer lo maltrata. Sin más trámites ni averiguaciones, la madre es detenida y sometida a un juicio rápido en el que, como mínimo, se le impone una orden de alejamiento, es decir, en unas horas es expulsada de su hogar y de las vidas de sus hijos. Por supuesto, deberá pagar religiosamente la pensión alimenticia y, posiblemente, una pensión compensatoria al ex marido y, en su caso, la mitad de la hipoteca de la vivienda familiar, que ahora el padre disfrutará en exclusiva con sus hijos y su nueva novia. Con los recursos que le queden, la madre podrá irse a vivir a un piso compartido, al hogar de sus padres, o tal vez a un cámping. Si hay suerte, al cabo de varios meses, la madre podrá empezar a ver de nuevo a sus hijos durante unas horas al mes en algún punto de encuentro. Hasta que se hagan mayores, los hijos serán un permanente instrumento de chantaje en manos del padre: o pagas y cedes en todo, o no los ves. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, serán sometidos a un implacable proceso de alienación y odio contra su progenitora y acabarán perdiendo todo contacto con ella.
Por supuesto, el párrafo anterior es pura ciencia ficción, pero basta con intercambiar los sustantivos "padre" y "madre" para que se refiera a una realidad cotidiana de efectos devastadores para miles de hombres. Un verdadero naufragio en el que los más débiles o los que chocan con un escollo más peligroso se van al fondo. Según diversos estudios internacionales, los traumas y disfunciones causados por ese brutal régimen de divorcio aumentan desproporcionadamente las tasas de suicidio masculinas. En lo que respecta a España, el número de suicidios asociados al divorcio se ha estimado en unos 250 casos al año, con un incremento anual del 17 por ciento[1], aunque no hay estudios ni cifras oficiales al respecto. En tales condiciones, ¿no es atinado pensar que, si se dispensase ese trato judicial a la mujer, y no al hombre, el balance de víctimas también se intercambiaría, es decir, aumentarían sustancialmente las cifras de varones asesinados y mujeres suicidas?
Vasilica Iulian Grosu, padre separado, era ciudadano rumano y residente en Rumania. El 7 de mayo del 2004 fue detenido en una autopista, cerca de Valencia, cuando, procedente de Bucarest, se dirigía a Palos de la Frontera con su hijo Andrei, de 6 años, para visitar a la madre del menor, también ciudadana rumana. Lo que este albañil rumano ignoraba mientras circulaba confiadamente hacia el Sur era que, semanas antes, su mujer lo había denunciado ante los tribunales españoles por haber vertido amenazas a través del teléfono móvil contra ella y su nueva pareja, y que, desde entonces, se hallaba en situación de búsqueda y captura.

V.I. Grosu siempre negó esas acusaciones y las consideró parte de una maniobra para arrebatarle la custodia de su hijo, pero le costaron dos semanas de internamiento en la prisión de Picassent, mientras el niño era trasladado a un centro de acogida. En ese momento, la madre reclamó la guarda y custodia del pequeño, hasta entonces ejercida legalmente por el padre en virtud de una sentencia de los tribunales rumanos (de la que Grosu llevaba copia consigo en el momento de su detención). De nada le sirvió. La juez de Moguer cambió la custodia a favor de la madre. V.I. Grosu mantuvo siempre que las acusaciones de su mujer eran falsas, y que a ella le habían servido para conseguir la regularización extraordinaria, al ser víctima de violencia doméstica y tener a su cargo a un menor.
Al acabar los 15 días en prisión, Grosu fue expulsado de España, y se le prohibió la entrada en territorio Schengen, quitándole con ello toda posibilidad de mantener contacto con su hijo. A lo largo del año siguiente realizó infructuosas gestiones ante las autoridades españolas, rumanas y europeas. Por último, su desesperada protesta como antorcha humana ante el edificio del Gobierno de Bucarest le causó la muerte el 11 de julio de 2005. El caso de Vasilica Iulian Grosu, llevado a la desesperación por una decisión de los tribunales españoles, tuvo repercusión mundial por el dramatismo de las fotografías de su autoinmolación:

Pero la notoriedad del caso de V.I. Grosu es una excepción. Lo más frecuente es que las decisiones irreparables de los padres separados tengan lugar en medio de la indiferencia general. El siguiente mensaje de correo electrónico, distribuido el 20 de agosto de 2007 por un miembro de la Asociación de Padres de Familia Separados (APFS) de Asturias, constituye, probablemente, una descripción más paradigmática del drama anónimo que, cada año, se cobra tantas vidas de padres separados:
"Compañeros, esta tarde he recibido la triste noticia del suicidio de un compañero en la madrugada del martes al miércoles. Este compañero me había venido a visitar hace dos semanas junto a su sobrina. Estuve toda la tarde con él, me contó que había sido denunciado por su ex por amenaza de muerte, le esposaron, en comisaría le hicieron lo que se hace en estos casos, fotografías, huellas, quitar cordones pulseras anillos, cinturón, etc.
Estando en el calabozo, le dieron la sentencia de un juicio en el que el ni siquiera estuvo presente: 6 meses de prisión, que no cumplió por no tener antecedentes, 3 años de alejamiento, y en la calle, porque, para más infortunio, su única familia en Gijón es una sobrina que vive a unos portales y en la misma calle donde vivía él con su ex. La primera noche la pasó en casa de su sobrina, pero enseguida alguien se enteró y le vinieron a echar por incumplir la orden de alejamiento. Estuvimos toda la tarde buscando una pensión que se arreglara a sus ingresos económicos, pero hasta en eso tuvo mala suerte. En Gijón durante el mes de agosto todo está por las nubes. Movilicé a varios miembros de la Asociación para encontrarle algo, pero no hubo manera. Al final me enteré de que se metió en una pensión pagando lo que no tenía, el pobre. [...] 
Bien, como os digo, esta tarde su sobrina me ha llamado comentándome que en el Parque del Lauredal en Gijón decidió quitarse la vida ahorcándose. Santi, que así le gustaba que le llamasen, tenía 53 años, una hija y, en las horas que estuve con él, puedo decir que un corazón que no le cabía en el pecho. Era de esas personas a las que en poco tiempo coges cariño por su franqueza, por su bondad y por su insistencia de no querer molestar a nadie.
P.D. Esta es la noticia que ha dado la prensa:
GIJÓN Pone fin a su vida en El Lauredal - Un hombre puso fin a su vida ayer, en el parque de El Lauredal, donde apareció ahorcado a primeras horas de la mañana. Efectivos de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía se hicieron cargo de las investigaciones."
Aunque la prensa los despache con dos líneas anónimas, los suicidios de padres separados representan, casi con seguridad, el mayor número de víctimas mortales causadas por los conflictos de pareja, por encima de las cifras de homicidios. Ello se debe principalmente a la utilización interesada que se hace de la custodia de los hijos, que conlleva el control de la situación familiar tras el divorcio y, en la mayoría de los casos, también el usufructo de todo el activo de la familia, es decir, la vivienda y los enseres. Este es el pequeño secreto inconfesable de quienes se oponen a la custodia compartida, sin pararse siquiera a analizar la viabilidad de sus múltiples modalidades. De ese modo, un proceso que debiera tener como objetivo primordial la preservación de los vínculos entre padres e hijos y la disuasión de todo comportamiento abusivo entre ex cónyuges se convierte en una guerra de expolios y venganzas. Las propias instituciones se encargan de mantener abierta la caja de Pandora.
"La mayoría de los padres separados desean ver a sus hijos -reflexionaba una periodista inglesa hace años-, y la mayor parte de los niños desean ver a sus padres. Así pues, ¿por qué la sociedad convierte una cosa tan sencilla en algo tan difícil?"[2] Veamos. ¿Tal vez porque la mitad de las juezas son feministas y la otra mitad, junto con todos los juezos -simetría lingüística obliga-, tienen miedo a ser tachados de machistas? ¿Tal vez para vengar imaginarios agravios infligidos por nuestros tatarabuelos a nuestras tatarabuelas? ¿Tal vez para prevenir un maltrato infantil que, según han demostrado numerosos estudios, incluso españoles, es perpetrado mayoritariamente por la madre? ¿Tal vez para justificar la presencia política y las subvenciones de algún lobby? ¿Tal vez porque se ha demostrado científicamente que la madre es más feliz si el padre se ocupa intensamente de los hijos mientras está casado y se convierte en un pariente lejano de ellos tras el divorcio? Se me ocurren muchas posibles respuestas a la bienintencionada pregunta de la periodista inglesa, pero en ningún caso podré aceptar la respuesta oficial, la del interés del menor, la más hipócrita de todas. Eh, ustedes, los autómatas jurídicos, ¿de veras creen que el interés del menor es su orfandad artificial o, peor aún, natural?
[JAD, 21-08-2007]
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[1] Androcidio por tasas diferenciales de suicidio (http://www.arrakis.es/~ajmm/Androcidio_Pr_Mod.pdf)[2] Sue Summers: It's never Father's day, The Observer, 21-10-2001
http://www.absurdistan.eu/cm_inmemoriam.htm