16.10.11 - C. MORCILLO / P. MUÑOZ | CÓRDOBA
- «No existen indicios suficientes para una acusación», pero las contradicciones del padre le sitúan en el centro de las pesquisas
- El rastro de Ruth y José se perdió en una casa de Córdoba
Foto de los pequeños desaparecidos en una farola de Córdoba
José Bretón fue, en teoría, la última persona que vio a sus hijos Ruth y José, de 6 y 2 años respectivamente. Se le perdieron en el parque Conde Cruz de Córdoba el sábado por la tarde, poco después de las seis. Es lo que él sostiene y lo que los investigadores, contrarreloj, intentan verificar. No es una certeza. La única verdad es que el viernes 7 de octubre Ruth estuvo en el colegio, y José en la guardería, y eso fue en Huelva. A partir de ese momento, el relato de horas y acontecimientos sólo viene avalado por lo que cuentan el padre y su familia. Ese relato señala que viajaron a Córdoba; que durmieron en casa de los abuelos en el barrio de Las Viñuelas y que, en torno a las dos de la tarde, los tres se marcharon para comer con un amigo de Bretón. A partir de ahí nadie volvió a ver a los críos. La madre estaba en Huelva. La pareja se había separado hacía menos de un mes.
El caso de los niños de Córdoba se ha convertido ya en uno de los más complejos, bajo el cartel aún de «desaparición inquietante». El eufemismo enmascara un temor a que los pequeños estén muertos. Siguiendo la denuncia del padre de que sus hijos desaparecieron en un momento en que él se despistó, una de las hipótesis es que un depredador raptara a los niños mientras jugaban. El problema es que no se ha encontrado un solo testigo que viera a los pequeños en ese parque. Una cámara de vigilancia grabó a Bretón, pero no a los niños. Habló con dos monitoras y con un vigilante de seguridad, y a ninguno le pareció preocupado. Las horas no coinciden con las que él plasmó en su denuncia -llamó a las 18.20 al 112 y a las 18.40 a la Policía, y aseguró que los tres llegaron al parque en torno a las 17.45-.
La Policía ha hablado con todos los que estuvieron en ese parque, sin encontrar un hilo que conduzca a Ruth y José. «Somos animales de costumbres, la gente mantiene hábitos y alguien se habría fijado en los críos o en él buscándolos con desesperación si hubieran estado allí», sostiene un experto en este tipo de casos. Existe también el testimonio del vigilante jurado con el que Bretón aparece en unas imágenes captadas por las cámaras de seguridad del parque Ciudad de los Niños, próximo al Conde Cruz, el sábado por la tarde. Este hombre afirma dos cosas: la primera, que el padre de los niños no mostró el menor síntoma de nerviosismo; la segunda, que la primera vez que llegó a la zona eran las cinco de la tarde, y no las seis menos cuarto como sostiene Bretón. Es una contradicción, pero... ¿suficiente como para desvirtuar la presunción de inocencia? «Hasta ahora no hemos encontrado pruebas definitivas, ni siquiera indicios suficientes que pudieran sostener una acusación», según las fuentes consultadas.
La inspección ocular del parque Conde Cruz tampoco ha revelado nada importante, o al menos no ha trascendido. Ninguno de los registros realizados hasta ahora lo ha hecho; si acaso, para descartar. Se ha buscado con denuedo también en la finca que los abuelos paternos, Bartolomé y Antonia, tienen en Las Quemadillas, y en otras que los agentes mantienen en secreto. Ni rastro de los niños.
En principio se da por buena la versión de los abuelos paternos de que los niños durmieron el viernes en su piso de Córdoba y que su padre se los llevó a comer. Pero ¿hay algún testigo que viera a esos chiquillos salir con su padre de esa casa? Ni siquiera eso ha trascendido, y, según coinciden todas las fuentes consultadas, en tanto no se determinen el lugar y el momento en el que se pierde la pista de los niños la investigación corre riesgo de dar palos de ciego.
Diez horas de interrogatorio
A diferencia de lo que ocurría en el pasado, en cuanto se denunció la desaparición se activaron los protocolos establecidos. La Policía de Córdoba alertó a Sevilla y a Madrid, y al día siguiente ya trabajaban allí expertos de las dos plantillas. Un funcionario de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), que ha investigado los crímenes más complejos de los últimos años, se desplazó a la ciudad andaluza. El lunes pasó casi diez horas hablando con el padre. Tiene fama de no dejar pasar un detalle. Bretón no admite otra versión salvo que sus hijos desaparecieron.
La semana ha sido durísima. En medio, uno de los investigadores, el responsable del 'caso Marta del Castillo', ha sido apartado. No hay versión oficial, pero no parece el momento idóneo para que este policía esté al frente, cuando el cuerpo de la joven no ha sido encontrado y el juicio empieza mañana.
Fuentes del caso advierten de otro peligro: «A partir de ahora aparecerán personas que simplemente quieren tener su minuto de gloria y que nada tienen que aportar». De hecho, así se interpretan algunos de los testimonios de las últimas horas, como el del joven que aseguró que el sábado vio al padre de los niños demacrado y pidiendo ayuda para encontrar a sus pequeños... Y lo dice seis días después del suceso.
Mientras, la madre de los pequeños, Ruth Ortiz, ha vuelto a Huelva. La tarde de los hechos, su exmarido la llamó para contárselo, pero ella no cogió el teléfono. Fue la Policía de Huelva la que le comunicó lo ocurrido. Esa madrugada, antes de viajar a Córdoba, denunció a Bretón por vejaciones y maltrato psicológico. Contó que él le había dicho que no los volvería a ver si no accedía a la custodia compartida.

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